Cómo conseguir que sus empleados quieran hacer bien su trabajo

Por Lucía Jiménez Barca. Consultora del curso Comunicación Conciliadora con nuestros Equipos de Trabajo.

Se habla mucho hoy en día de lo que significa liderar y de las nuevas capacidades que ha de poseer los nuevos líderes actuales y es que estaríamos de acuerdo en afirmar que una cosa es mandar u ordenar tareas y otra muy distinta es liderar. Incluso podemos ir más allá y constatar que en las empresas puede haber muchos líderes que no sean jefes y muchos jefes que no lideren ningún movimiento, porque el liderazgo no tiene nada que ver con el puesto que la empresa nos otorga, sino cómo se relaciona uno con las personas dentro de ella y sobre lo que les inspira.

Existen líderes en el ámbito empresarial, familiar, en los círculos de amistades, en la política, en la educación o en el mundo del deporte.

Cuando desde la dirección se contrata a personas que tienen dotes de liderazgo, existe un propósito claro de cuidar que los talentos que forman parte del grupo de ese líder no se vayan a la competencia y que la productividad de la empresa no baje como consecuencia de la desmotivación. Un jefe de equipo que lidera es aquel que sabe hacer su trabajo como gestor de los diferentes proyectos pero que además sabe gestionar las emociones y necesidades de las personas que forman parte de ese proyecto, para motivar, ilusionar y dirigir al equipo hacia la consecución de los objetivos deseados.

Un líder, en pocas palabras, consigue que las personas quieran hacer bien su trabajo.

Pero, ¿cómo se consigue eso? No podemos imponer o, mejor dicho, implantar a la fuerza una motivación o necesidad en las personas. Son las propias personas las que deciden hacer algo según el beneficio que les vaya a reportar. Podemos contribuir a que alguien se motive pero será la propia persona la que al final quiera o no hacer algo. De todas formas, aunque es cierto que no podemos obligar a querer que alguien haga algo, sí que podemos influir en alguna de sus motivaciones y desde este modelo de comunicación conciliadora mostramos tres maneras:

1. Despertando necesidades o motivaciones dormidas:

A veces tenemos trabajadores desmotivados porque no saben para qué trabajan. Y si un jefe de equipo a través de las conversaciones puede revelar esos deseos y valores internos del individuo, es muy posible que esas personas vuelvan a sentirse ilusionadas y motivadas.

2. Conseguir que el trabajador quiera trabajar por las necesidades de la empresa.

Puede parecer utópico y lo ideal pero, si se comunican bien los valores, necesidades y objetivos de la empresa pidiendo colaboración y compromiso, es muy posible que las personas quieran contribuir a ese proyecto común.

3. Conseguir que el trabajador quiera trabajar por el propio líder.

Una persona que confía y estima a su líder puede querer realmente contribuir a sus objetivos por el simple placer de hacer algo por alguien que respeta.

Este concepto, que realmente es retador y novedoso en la mente de muchos jefes de equipo es algo que, si se sabe potenciar, puede aumentar la productividad y los beneficios en porcentajes muy elevados. El trabajador no trabaja bien porque “haya que hacerlo” sino que lo hace porque se lo pide su líder y es una diferencia muy grande que se refleja en el clima laboral.

Si en un equipo hay una combinación de estos tres conceptos, el éxito de sus proyectos estará más que asegurado, porque no hay nada que influya más en los beneficios de una empresa que un equipo que quiere dar lo mejor de sí mismo.

Invertir en habilidades de comunicación no es solo invertir en un simple manual con una fórmula. Se trata de cambiar el paradigma empresarial y empezar a humanizar a las empresas; que los trabajadores y los directivos sean tratados por igual con respeto y afectividad aun cuando no se esté de acuerdo en las conductas, y eso se puede conseguir sin caer en la complacencia ni en el servilismo.

Las ventajas de esta humanización que se va instalando poco a poco en las empresas gracias a los nuevos líderes son numerosas:

1. Se evita la fuga de talentos.

Ofrecer un buen trato al personal hace que se quieran quedar en la empresa o al menos se habrá hecho todo lo posible para que eso suceda. Además, el boca a oreja hará que aparezcan nuevos buenos candidatos que buscan “ese trato humano” que caracteriza a las empresas que cuidan de sus trabajadores en ese sentido. Nuestras empresas serán lugares donde las personas competentes quieran trabajar.

2. El clima laboral se vuelve a favor de la productividad.

Se respira la tranquilidad necesaria para que aflore la creatividad y motivación necesaria para elaborar los mejores productos. El empleado deja de preocuparse por sobrevivir emocionalmente y dedica su energía y su tiempo a sus tareas profesionales. La cohesión y el trabajo en equipo mejoran porque se implanta una actitud de respeto en las oficinas y la motivación de cada uno y la del grupo sube enormemente.

3. La publicidad positiva.

Por último queremos resaltar la publicidad positiva para las empresas que supone tener a líderes que contribuyen a que esta manera de dirigir sea posible. La marca se nutre de elementos muy valorados por la sociedad y entre tanta competitividad, alguien sobresale por lo “humano” y por cuidar de las personas. Esto puede llevar a más ventas y a más retos de futuro.